Vida Sexual Plena
Por Moises Vega • 10-10-2008 • Categoría: Sexo con Moisés
Aunque existe mucha y muy variada información sobre el sexo, algunos mitos prevalecen. Entre ellos, que si no se alcanza el orgasmo la relación sexual es un fracaso. Lo que ha dado por resultado que algunas parejas estén más preocupadas por lograrlo que por gozar del encuentro íntimo. Es como tener prisa por llegar al destino sin disfrutar el camino. El orgasmo es parte de un proceso de la evolución sexual, hay quien lo llama “la muerte chiquita” y lo compara con una explosión, o con un terremoto por la forma abrupta en la que se libera la tensión sexual.
Ocurre en la tercera de las cuatro fases del ciclo de la respuesta sexual femenina: la excitación es la primera y puede durar desde pocos minutos hasta varias horas, la mujer experimenta lubricación, la vagina se dilata y hay congestión sanguínea de los órganos sexuales.
La segunda se denomina meseta. En esta fase, el clítoris se llena de sangre y se pone erecto. El clítoris es un órgano complejo que hunde sus raíces en la entrada del conducto vaginal, en la parte posterior de los labios mayores y menores de la vulva. Ahora se sabe que en todos los orgasmos participa el clítoris, aunque Freud insistía en que el orgasmo valioso era el vaginal.
En la tercera etapa, la del clímax, se presenta el orgasmo. La mujer experimenta una serie de contracciones musculares involuntarias de la vagina, vulva, útero y recto que son muy placenteras. El número y duración de estas contracciones depende de cada mujer, oscilan entre 10 y 12 segundos, los movimientos musculares ascendentes que generan, ayudan a que los espermatozoides suban más rápido por la vagina, el útero y las trompas de falopio al encuentro del óvulo, aunque la fecundación pueda ocurrir en ausencia del orgasmo.
En la cuarta fase hay un estado de relajamiento que puede extenderse de cinco a 60 minutos, las mujeres pueden responder a la estimulación después del primer orgasmo, a diferencia del hombre. De ahí que se considere a la mujer “multiorgásmica”.
El famoso Punto G
En 1950, el doctor Ernst Grafenberg descubrió una zona erógena de alta sensibilidad, que al ser estimulada produce la expulsión espasmódica de líquido, razón por la que lo llamó eyaculación femenina. El Punto G se ubica en la cara anterior de la vagina a medio camino entre el hueso del pubis y el cuello uterino. Es una pequeña fosa en el techo del conducto vaginal que hace relieve cuando la mujer se encuentra excitada.
En nuestro tiempo abundan las recetas dictadas por expertos en los distintos aspectos de nuestra vida y no podían faltar las de la manera correcta de estimular esta zona rugosa.
- Apoye el dedo de forma suave y acompasada sobre el punto descrito, modifique el ritmo según el resultado obtenido. Este tipo de caricia requiere de mucha delicadeza, ya que el hombre puede acelerar o hacerlo más lento, así como aumentar o reducir la presión según el grado de excitación de la pareja.
- Para efectuar este tipo de caricias las manos deben estar recién lavadas, las uñas bien cortadas y limpias, y se sugiere utilizar un poco de crema o aceite lubricante a fin de hacerlas más suaves.
Se aclara que las sensaciones obtenidas serán de menor intensidad que las del orgasmo clitoriano, pero permitirán llegar al clímax más rápido y con mayor número de repeticiones, que pueden ser simultáneas con la estimulación del clítoris y otras zonas erógenas. La estimulación del Punto G mediante la introducción del pene es más difícil de lograr que con la mano.
El orgasmo es cuestión de dos
Para algunos sexólogos, la próstata es el Punto G masculino. Tiene la forma de nuez y rodea la uretra. Se le puede tocar en la pared anterior del recto. Y como el de la mujer, es susceptible a estimulación manual.
El orgasmo es cuestión de dos, la pareja debe proporcionarse placer de manera mutua. Es útil y divertido que exploren sus cuerpos, expresen sus gustos y preferencias. Los hombres se pueden dar la oportunidad de conocer otras zonas erógenas, además del pene.
La información puede ayudar, sin embargo, para lograr una vida sexual satisfactoria se necesita de un proceso activo que incluye hacerse responsable de su sexualidad y conocer el propio cuerpo. No está de más insistir en que es necesario tener un buen amante, un hombre que realmente disfrute de las mujeres, que ame su olor, su piel y su sentir. Un hombre que las respete de forma cabal. Sin este precioso ingrediente todo queda en mera teoría y mucha frustración.
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Moises Vega es poeta y director de escena. Estudios: Lic. en Filosofía por la Universidad Autónoma de Sinaloa y Lic. en Educación Artística por la Academia Estatal de Artes Francisco Martínez Cabrera.
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